Al construir comunidades de aprendizaje nos encontramos muchas veces con la argumentación de que es mal negocio colaborar... y mucho mejor esconder los aprendizajes personales de manera de sobresalir....
Nuestra experiencia es que atesorar personalmente el aprendizaje termina castrándolo, por la simple razón de que me quedo con las primeras conclusiones y que lo que aprendo no tiene que pasar la prueba de la blancura: el encuentro con las críticas de los pares.

A pesar de esto, muchas veces nos dejamos llevar por la tentación de querer pelear la autoría de un pensamiento y la predisposición a cuidar nuestro pequeño terrenito con dientes y uñas...
Al respecto quisiera citar la frase del celebre filósofo australiano Cocodrilo Dundee quien, hablando de este afán de aclarar quien es el dueño del territorio o quien tiene la razón, dice:
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